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Dudas e indecisiones

No sé. Puede que sí, puede que no. Tal vez. No estoy seguro. Es posible. Quizás.

Respuestas que no dicen nada, o mucho según la pregunta. Dudas. Sigues dudando. No sabes que hacer, una disyuntiva delante de ti y no acabas de decidirte por ninguna opción. No te convence ninguna alternativa y acabas eligiendo la que menos te desagrada. Y fracasas. Siempre fracasas.

Te preguntas si elegiste bien, si era la opción correcta. Entonces empiezas a divagar. Te imaginas cambiando tu elección, piensas como habría sido siguiendo cualquier otro camino. Casi siempre llegas  a la misma conclusión: me equivoqué, tendría que haber escogido B o C, nunca A.

Y aciertas, pero solo en parte. Aciertas al decir que te equivocaste pero fallas al pensar que otra opción te hubiera salido bien. Probablemente cualquier opción que hubieras elegido hubiera salido exactamente igual de mal. El problema no es la opción, el problema eres tú.

El problema es tu falta de ganas. No puedes pretender que algo salga bien si no te implicas al 100%. El implicarte al 100% de tus capacidades no te asegura el éxito pero el hacerlo a menos del 95% te lleva directamente al  fracaso. Y sé de lo que hablo.

La motivación es esencial para cualquier cosa que queramos hacer en la vida. Cuando dudamos, cuando tenemos indecisiones, cuando no estamos seguros ni convencidos de lo que hacemos, lo más probable es que nos equivoquemos o hagamos las cosas mal.

Todos los entrenadores de basket que he tenido han intentado inculcarnos a todo el equipo que la motivación y la decisión son claves para jugar bien. Cuando tiras un tiro libre, primero imaginas previamente el tiro, ves como el balón sigue una trayectoria perfecta hasta llegar al aro y cae en la red. Luego lanzas y el balón hace exactamente lo que habías pensado. Cuando haces una entrada a canasta debes hacerlo siempre decidido y con fuerza. Si no lo haces convencido de que vas a anotar probablemente te lleves una buena gorra o pegues una gran roca contra el tablero y, créeme, sé de lo que hablo.

Hay que implicarse al 100% en cualquier cosa que hagamos, ya sea un proyecto en el trabajo, en la univerdad o las actividades cotidianas tales como coger el metro. ¿Coger el metro? Pues sí, es importantísimo ir a coger el metro muy decidido, así evitareis que os pase como a mí.

Creo que fue el miércoles o el martes, no lo recuerdo, podría haber sido cualquier día de la semana. Después de un día largo de trabajo, con mucho estrés, por fin me dirigía a realizar el trayecto de vuelta a casa. Bajé por la calle Bruc como siempre hasta encontrarme con la parada de metro de Urquinaona, la del monopoly.

Mientras pasaba mi T10 escucho como llega el metro pero no tengo ganas de bajar corriendo las escaleras para ahorrarme tres minutos de trayecto. Iba tranquilo sin prisa, con toda la calma del mundo. Ya salía estresado del trabajo, no iba a estresarme por perder el primer metro del que disponía.

Voy bajando las escaleras y escucho la señal acústica que indica que van a cerrarse las puertas. Quizás me dé tiempo a llegar, pienso. Llego hasta el andén y veo el metro todavía parado. Puede que sí que lo coja. Sigo caminando tranquilo ya que las puertas siguen abiertas. Sí, creo que sí, que me da tiempo. Por fin acelero un poco el paso y justo cuando estoy entrando en el último vagón la puerta se cierra.

Me quedo con mi parte izquierda del cuerpo dentro del metro y la derecha en el anden. Madre mía que vergüenza, tierra trágame pienso. ¿Y ahora qué?¿Intento entrar?¿Intento salir?No sé donde mirar. Entonces noto que alguien me coge del brazo desde el interior del vagón. Ahí es cuando veo claramente que paso de entrar y que toda esa gente se ría de mí. Pego un tirón hacía fuera y la puerta se cierra. Me quedo con una cara de imbécil en el anden digna de foto.

Ante estos casos en los que hago el ridículo estrepitosamente, sigo la estrategia de la avestruz: esconder la cabeza y actuar como si no pasara nada. Así que saco mi libro y me pongo a caminar como si nada hubiera pasado. El metro no arranca y ya empiezo a ponerme colorado como un tomate pero sin quitar la vista del libro, estando totalmente convencido de que así soy invisible.

Y todo esto por dudar, por no saber si correr para coger el metro o si esperarme tranquilamente al siguiente, tal como había pensado al principio. Indecisión.Entrar o salir. Pues ni una cosa ni otra, atrapado en la puerta me quedé.

Llega el siguiente metro. Dejo salir a la gente(odio a la gente que entra a saco en los vagones, sin esperar a que salga nadie,  cuanto maleducado anda suelto) y después entro tranquilamente pero sin quitar un ojo de la puerta.

Llego a Plaça Espanya dispuesto a coger el primer tren que salga dirección Sant Andreu. Veo que sale uno, ahora no recuerdo cual, a las 17:52h. Son las 17:49h. Tengo tres minutos para llegar, tiempo de sobra en principio. Al ir a pasar la T10 me encuentro con la típica persona a la que se le ha acabado la T10 pero piensa que si pasa otra vez la tarjetita le dejará pasar… Por fin decide comprar otra y me deja vía libre.

Bajo corriendo hacía la vía 3, el tren espera. 17:51h. Tengo que llegar. En el último escalón el reloj cambia y marca las 17:52h. Esta vez sí que llego, voy decidido. Escucho la puta señal acústica correspondiente al cierre de puertas. Corriendo  con la chaqueta en una mano, el libro en otra y la mochila a la espalda llego a la puerta, pego un salto dispuesto a entrar antes de que se cierre, decidido a entrar al 200%.  Y entro.Y me tropiezo. Y me caigo delante de un montón de gente desconocida.

La chaqueta sigue en mi mano, la mochila a mi lado y el libro esta perdido. Algunos se acercan para ver como estoy y antes de montar un numerito decido utilizar la estrategia de la avestruz otra vez. Me levanto, pongo una sonrisa de imbécil y una desconocida sonriente me acerca el libro. Para colmo, la desconocida  está buenísima, y yo sin articular palabra. Puta técnica de la avestruz. Digo un “gracias” que únicamente yo soy capaz de escuchar ya que las palabras se ahogan en mi garganta  de la vergüenza que estoy pasando por segunda vez consecutiva. Cojo el libro y me voy un par de vagones más adelante a leer, como si nada hubiera pasado, como una avestruz. Y sin despedirme de la desconocida.

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9 comentarios to “Dudas e indecisiones”

  1. Menos mal que solo tenias q coger 2 trenes, que te hubiera ocurrido en el terceron jajajaja

  2. Creo que el tercero me atropella directamente…

  3. No fue tu dia eh …jajaja. Dicen que ante la duda, abstente, y la próxima vez, corre!! 😉

  4. Te haré caso, pero la próxima vez no sabré si correr o absternerme…

  5. ostia q risa bufff

  6. Va noi, sol et faltava agafar el bus, i te atropa-les o al creua el pas de vianants tb entrebanquessis
    😉
    you love Desigual

  7. Muy muy bueno Jorge,
    la verdad que a todo el mundo nos ha pasado, yo el primero…aunque actualmente no coja el tren…me pasó algo parecido, pero al revés, es decir; llegué, me senté y al tercer tren, me levanté. MORALEJA: “”nunca sabremos a que tren nos subiremos sin motivación o decisión””.

    Un abrazo.

  8. Jajajaja, tio, si esque siempre la lias… lo peor no es que te dieras las ostias…lo peor es que no pudiste aprobecharte de la situacion para ligarte a la tia buena!!!! jajaja, en fin. Muy bueno el post, sigue asi 😉

  9. jorge!!!!!!!!! jajajajajaja me desorino! jajajajajaja como te pueden pasar estas cosas?? si es q no se te puede dejar solo… muy buena la estrategia de la avestruz xDDDDD
    aaaiiii q risa!


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