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El fin de un mito – Un día en la playa

Para los no iniciados con Antonious aquí tenéis la parte 1 y la parte 2

Se juntaron en el bar a las 14:00h para ir a la playa. La hora ideal para conseguir un bonito bronceado o pillar una insolación y quedarte en el sitio. Estaban los tres: Markus, Valentino y por supuesto Antonious.

Valentino era un joven taekwondista alto y fibrado. Muy avispado y curioso, siempre dispuesto a correr nuevas aventuras y escaparse del bar donde estaba recluido.

Markus era policía por vocación. Amigo de sus amigos, le gustaba reírse con ellos pero no de ellos. Aprovechaba cualquier ocasión para sacar a relucir su hilarante y refinado sentido del humor, siempre sin ofender y evitando la broma fácil. De una ética y moral envidiable, sin ninguna duda era el más cuerdo de los tres. Todavía se pregunta qué le llevó ese día a la playa.

Antonious conducía su flamante R11, a su derecha lo acompañaba Markus con sus Rayban de poli malo. Detrás estaba Valentino y junto a él todo lo necesario para no aburrirse en la playa: una pelota de playa Nívea, raquetas de madera y un balón de volley.

-Hoy quiero llegar hasta la boya, Markus. Este año lo voy a hacer del tirón y sin ahogarme por el camino. Me he entrenado en el gran acuario que tengo en mi casa. Cada día he nadado rodeado de mis peces. Soy cómo el gran Neptuno, el señor de los mares. Este año Markus, este año no va a hacer falta que venga la cruz roja a rescatarme, ya verás.

-Antonious, deberías recordar lo que sucedió el año pasado cuando intentaste llegar a la boya. A mitad del trayecto de ida una medusa te picó en la espalda. Empezaste a tragar agua del susto y suerte tuviste de que por allí pasaba una barca de esas de playa que te rescató. El año anterior te dio una rampa mientras volvías y tuve que salir con mi colchoneta de Bob Esponja a rescatarte.

-Ya, ya. Me acuerdo perfectamente. Lo peor no fue eso, lo peor fue que después del esfuerzo y el mal rato me quedé dormido en la toalla y me quemé entero. Todavía hay días en los que se me caen trocitos de piel… Pero este año no! Estoy preparadísimo!

Tardaron poco en llegar a su destino pero pronto se dieron cuenta de que tardarían un rato en aparcar. Filas interminables de coches se alzaban a la vista y la esperanza de dejar el coche en primera línea de mar se esfumaba por momentos.

Después de unos 15 minutos de caravana y cuando parecía que sería imposible darse un bañito, Antonious divisó a su izquierda una calle totalmente libre de coches. Se extrañó un poco al ver que los coches no giraban en esa dirección, pero no le dio más importancia. A todo esto, Markus estaba medio dormido y agobiado por la calor y Valentino estaba bastante entretenido intentando hinchar la pelota Nívea.

-Mirad! Hemos triunfado, toda la calle para nosotros!!! Y no estamos tan lejos de la playa!.-Dijo Antonious. Acto seguido puso el intermitente a la izquierda y avanzó buscando el mejor sitio posible. En unos segundos, Markus reaccionó:

-Espera, espera. Algo no cuadra… Mierda!!!! Esto es la salida de la autopista!

-¿Estas seguro? Mira que aquí tenemos sitio….

-Para ya!!! Y da marcha atrás antes de que causes un accidente!

-Vale, vale…

Puso marcha atrás y empezó a acelerar.Puuum! Golpetazo. Le habían dado a un coche mientras iban marcha atrás. Miraron por el retrovisor y vieron una furgoneta de la policía pegada al culo del R11.

-Creo que le has dado a la poli.-intervino Valentino mientras jugaba a hacer toquecitos con la raqueta de playa.

-Gracias por avisar, no nos habíamos dado cuenta-Contestó el educado Markus.

Antonious vio por el retrovisor como se acercaba un monillo con cara de pocos amigos. Al ver que el monillo llevaba uniforme, se lo quitó de la cabeza la idea de que podría ser su amigo Kinito. El policía se situó a la altura del capo y descargó la mala leche que llevaba en el pobre R11 que no tenía culpa ninguna.

-¿Pero donde te has creído que vas? ¿No ves que ESO es la autopista y vas a entrar por la salida? Que esta calle es dirección prohibida!!!¿Y los retrovisores para qué los quieres?¿Para el maquillaje?¿No has visto que veníamos?

Se situó a la altura del piloto esperando recibir contestación por parte del infractor pero no obtenía respuesta alguna. Antonious pensaba que lo primero es el respeto y que esas no eran maneras de dirigirse a él. Tampoco era tan grave, simplemente estaba buscando aparcamiento.

-¿Has visto cómo me ha hablado? Qué falta de respeto!¿Cómo me habla así? No creo que deba hablarme así. Le voy a pedir el número de placa para tramitar una queja formal al departamento correspondiente de la policía local de Gavà. Creo que sería conveniente que tú me ayudaras a redactar la queja…

-Calla, calla. Ni se te ocurra, estate quietecito aquí. Baja la ventanilla, le pides perdón, coges la multa y nos vamos. ¿Ok?

-Markus… tú eres poli… ¿podrías ir a hablar con él? Seguro que llegáis a algún acuerdo…

-¿Pero tu has visto la cara que tiene? Le va a explotar la cabeza, yo no le digo nada.

-Vale, vale. Ya veo que no quieres colaborar. Tendré que bajar y hacer uso de mi don de palabra para calmar los ánimos un poco e intentar convencerle de que no estaba haciendo nada malo. Me estoy empezando a poner nervioso…

-Tonius! Es que estabas haciendo algo malo! Como se te ocurra bajar y decirle algo, después de su multa te pongo yo un par más. Déjalo tranquilo, es culpa tuya.

-Joder Markus, ya sé que es culpa mía, pero podríamos intentar arreglar la situación, si pusieras un poquito de tu parte…

-A ver Antonious- en este punto, Markus estaba a punto de estallar- te ibas a meter en dirección contraria en una autopista, luego has tenido un accidente contra un coche de la policía. ¿No crees que hemos tenido suficiente hoy?

Mientras Antonious y Markus discutían, Valentino estaba totalmente ensimismado siguiendo con la mirada el vuelo irregular y aparentemente sin sentido de una mosca. De repente un sonido le hizo reaccionar. Sirenas. Más coches patrulla se acercaban. La reacción le duró aproximadamente un intervalo de 3 segundos. Luego continuó siguiendo la dudosa trayectoria de la mosca, tenía que averiguar cual era su destino final.

El policía al no recibir contestación por parte de Antonious, se iba poniendo más y más alterado.

-Sal del coche de una  puta vez!!!- gritó el poli.

-Tío Markus, ¿qué hago? Me estoy poniendo nervioso y cuando me pongo nervioso me transformo. Mi piel se pone de color rosa fosforito y lunares blancos, mis músculos doblan su tamaño y me vuelo muy agresivo. Cómo Hulk, pero en rosita. Más mono que el Kinito me pongo.

-Ok ok. No te pongas nervioso. Abre la puerta lentamente y bájate del coche.

Acto seguido Antonious accionó la maneta de su puerta. La abrió muy lentamente. Todo parecía tranquilo a excepción de que estaban rodeados por toda la policía de Gavà y parte de Castelldefels. Tampoco hay para tanto – pensó Antonious.

-Póngase de rodillas lentamente- le gritaron desde un megáfono. No se lo creía. Cinco coches patrullas, dos furgonetas y un escuadrón de los GEO le esperaban allí fuera. Entonces sí que se puso nervioso. Se quedó totalmente paralizado, no era capaz de moverse. Su piel se ponía rosita fosforito por momentos.

Conforme se iba convirtiendo sus piernas se movían solas. Los entrenamientos con Policarpio  Díaz habían dado sus frutos y tenía un juego de pies digno del gran Muhammad Ali. Los brazos también se le movían solos. Estaba fuera de control, totalmente poseído por el color rosa. Lanzaba directos al aire, crochés, swings y uppercuts.

La poli al ver que se estaba convirtiendo en un rotulador Staedlter un tanto agresivo decidió pasar a la acción. Hicieron falta tres dardos tranquilizantes para hacerle volver a su color normal. A causa de los relajantes suministrados vía “dardil” se desplomó en la carretera. Lo esposaron y se lo llevaron al calabozo de Gavà.

Markus decidió ser fiel a su amigo, hasta que le indicaron que si era su cómplice también él pasaría un par de noches en el calabozo. A lo cual respondió que él venía desde Sant Boi haciendo autostop para llegar a la playa y que no conocía de nada a esa persona.

Ya por la noche y en las dependencias policiales Antonious por fin despertó. Se encontraba perdido, no sabía que había pasado y sus gritos pidiendo explicaciones se ahogaban por las paredes de hormigón. Ni siquiera había una triste ventana para iluminar la triste y lúgubre cárcel donde se encontraba. Todo estaba a oscuras y se sentía perdido. No imaginaba que es lo que podía haber hecho para llegar a esa situación.

-Antonious, tranquilo- le dijo una voz proveniente de la esquina más oscura de todas- estoy aquí para ayudarte.

-¿Quién eres? Sal de la penumbra que pueda verte.

-Habrá tiempo para todo. Imagino que no sabes que ha sucedido. Antonious, tienes un gran poder, estoy aquí para ayudarte.

Acto seguido apareció desde la oscuridad una sombra alargada. Una capa negra con capucha se dibujó en el suelo. Al levantar la vista, Antonious no se lo podía creer.

-Sí Antonious, soy yo. El Gran Capini. He venido a ayudarte a escapar de aquí, tenemos cosas mejores que hacer, cómo por ejemplo, dominar el mundo.

Actualización 1: No me he olvidado de Valentino, lo que no sé donde está exactamente. Dicen los rumores que la última vez se le vió por Sitges detrás de una mosca…

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4 comentarios to “El fin de un mito – Un día en la playa”

  1. Que gran final, me ha gustado me reido bastante.

  2. jajaja
    partiendo d una base “real”
    yo tb me he reido bastante
    y el afan d dominar el mundo
    como si d los 3 guerreros del apocalipsis se tratase

  3. Es cierto yo lo vi con mis ojos…………

  4. jajajaja q weno!!!!!!!!!
    jajajajajajajaja joderrrrrrr
    al markus lo has descrito a la perfeccion
    el final es wenisimo!


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